Casey Mitchell
Hay algo que suele sorprender a la gente: la mejor configuración de CRM que he analizado nunca tenía prácticamente nada de automatización. Todo el mundo da por hecho que cuantos más desencadenantes y flujos de trabajo haya, mejor será el sistema, pero aquella pequeña empresa en concreto se había limitado a analizar primero sus conversaciones de ventas reales y, a continuación, había creado un software basado en la realidad en lugar de en la teoría. Ese fue el momento en el que empecé a verme menos como un «redactor técnico» y más como alguien que hace de puente entre las hojas de cálculo y el comportamiento humano.
Dos cuadernos, un escritorio
La mayoría de los días tengo dos cuadernos abiertos. En uno anoto comparativas de funcionalidades, niveles de precios y peculiaridades de integración entre las distintas plataformas ERP. En el otro recopilo las preguntas desordenadas y a medio formular que me plantean realmente los propietarios de pequeñas empresas. La redacción surge en algún punto entre ambos: lo suficientemente analítica como para ser útil, pero con los pies en la tierra para que suene como una conversación real.
Lo que da forma a mi trabajo
- Probar yo mismo el software antes de recomendarlo, no limitarme a leer las fichas técnicas
- Hablar con propietarios que tienen que hacer malabarismos con el inventario, la facturación y el seguimiento de los clientes en una misma tarde
- Revisar las herramientas meses después para ver qué es lo que realmente ha dado buenos resultados
- Escribir para personas que acaban de empezar y para aquellas que ya han superado tres sistemas anteriores
Si estás valorando tu primer CRM o replanteándote un ERP que ya no se adapta a tu equipo, me encantaría saber en qué punto te has atascado. Ponte en contacto conmigo cuando quieras a través de /contact: lo leo todo personalmente.